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Crisis… What crisis?

Parafraseando el título de aquel viejo disco que aún suena tan bien, propongo una reflexión sobre el año que termina, un poco a la manera de lo que hacemos con las crisis personales que muy a nuestro pesar, nos sirven para tomar conciencia de algo que no marcha, iluminan las posiciones subjetivas disfuncionales que tanto nos cuesta abandonar y nos empujan a abandonar las cómodas inercias y a avezarnos en la oscuridad, para al final hacernos más fuertes.

Llevamos años instalados en la sociedad del placer, creyendo que la satisfacción inmediata es un derecho irrenunciable, solazándonos en los bienes materiales, atiborrados de objetos e imágenes. Habíamos olvidado cómo decir que no a nuestros hijos, al igual que a nosotros mismos. No decirles que no, como si de una bofetada se tratase, sin saber ya remitir sus demandas al deseo que las anima y a su propia responsabilidad

Y no por ello nuestra sociedad nos contentaba. Ante la violencia de género, la de las guerras, la violencia del norte contra el sur, la de los hijos contra los padres, nos preguntamos ingenuamente cómo el hombre bueno por naturaleza puede alcanzar tanta iniquidad? Habrá de ser una enfermedad que lo pervierte. Y qué decir de la depresión, ese vacío que no se llena con objetos de satisfacción, y si acaso se distrae con fármacos, drogas, y tantos otros apósitos que no dejan ver la herida (“más Platón y menos Prozac”). Qué decir de la ansiedad en la que se sospecha que algo falta, que alguien falta.

Quiero pensar que la crisis nos llevará a revisar la sociedad que hemos creado, la democracia que queríamos pensar tan sólida. Tendremos que recuperar la responsabilidad que hemos delegado con tanta displicencia. El huracán nos ha arrancado bruscamente de aquel paraíso adolescente. Así pues, sequémonos las lágrimas inútiles y dispongámonos a hacer un mundo nuevo, con los despojos que aún sirven, y con nuevos materiales.

Ya no podremos esperar ni exigir tanto para nuestro disfrute, tendremos que cambiar las prioridades. Lo primero será trabajar más, y trabajar mejor. No nos darán lo que queremos, tendremos que obtenerlo. Pero nuestras carencias nos harán ser más sensibles al sufrimiento de los demás, más empáticos, más solidarios.

Tenemos que ayudar a los que no puedan trabajar, pero no darles nada sino ayudarles a que se desarrollen. Decirles que no cuando haga falta, al igual que nosotros estamos aprendiendo a privarnos. Tenemos que elegir entre los objetos y los valores, entre los bienes y el “bien”, y es una elección ética. Importan la educación, la cultura, la ciencia, la salud, las personas. Tenemos que elegir –y es una elección ética-, entre el placer y el deseo, entre la satisfacción inmediata y la realización del deseo. La gente antes no buscaba forrarse, se valoraba “realizarse” en el trabajo, en la pareja, con los hijos. “Realizarse”: como si no estuviéramos ya completos! Y en efecto, claro que no estamos completos y maldita la falta que hacía tenérselo tan creído.

Una petición para las 12 uvas: Hagamos de esta crisis un nuevo nacimiento, saquemos fuerza de flaqueza. Hagamos que 2013 sea un año pleno de realizaciones profesionales y personales.

Rafael Pareja Flores

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LA PALABRA ENCENDIDA

"La memoria nos abre luminosos
corredores de sombra.
Bajamos lentos por su lenta luz
hasta la entraña de la noche."

Miguel Ángel Valente
(en "Fragmentos de un libro futuro").