Eutanasia y trastornos mentales: “Un sufrimiento insoportable”.

La prensa informa estos días sobre el caso de una joven holandesa de veinte años a la que se aplicó la eutanasia para acabar con el sufrimiento que padecía a consecuencia de sus trastornos mentales. Atendiendo su petición, se la mató mediante una inyección letal. Las circunstancias del caso han despertado una intensa polémica a la que quiero sumar algunas reflexiones.

Los datos facilitados son muy escasos. La joven había sufrido abusos sexuales entre los 5 y los 15 años, y padecía una larga serie de síntomas y trastornos mentales. Presentaba una forma severa de anorexia, depresión crónica, alucinaciones y tendencia a la automutilación. Según sus médicos, se trataba de un Síndrome de estrés post-traumático que ningún tratamiento ni ninguna forma de terapia había conseguido aliviar.

Junto con esa información tan enlatada y aséptica, tan sólo dos frases se filtran y nos acercan a imaginar la tragedia intersubjetiva que debió jugarse: “no había para ella ni perspectiva ni esperanza”, “el sufrimiento de esta paciente era insoportable”, afirma su psiquiatra.

Eutanasia y trastornos mentales

El deseo de prolongar la vida es casi universal. Y la medicina y los ideales sociales se han empeñado tanto en este afán que con frecuencia asistimos a una paradoja dolorosa: hay personas cuyo sufrimiento a consecuencia de enfermedades incurables, se prolonga sin sentido y en contra de sus deseos, mientras el médico, preso de una moral y una legalidad rígidas, no puede sino mantenerlas con vida a toda costa.

El debate sobre la eutanasia, y la progresiva legalización de su práctica y de distintas formas intermedias, responde de esas contradicciones. Aceptar la eutanasia es aceptar que en algunas situaciones, el sujeto tiene algo que decirle a las leyes y a los médicos, y se le reconoce la legitimidad para ponerles límites. En situaciones bien reguladas, el sujeto tiene derecho a decir “basta”.

La novedad aquí es que se trata del primer caso en que la eutanasia no se aplica por una enfermedad física, sino por trastornos mentales. No podemos negar que el dolor psíquico puede llegar a ser tan intenso, y los trastornos psíquicos tan incapacitantes como las enfermedades físicas. Pero entonces, ¿por qué la polémica?, ¿qué hace diferente la eutanasia en los trastornos mentales?

Eutanasia y suicidio

Fotografía de Ilya Piganov

Fotografía de Ilya Piganov

Puede sernos útil preguntarnos en qué se diferencia la eutanasia del suicidio. El suicidio es un acto radicalmente individual. Ahora bien, le damos distinta consideración ética al suicidio considerado como cobardía moral o como una locura lamentable, en oposición a la que aparece como la más elevada demostración de la libertad consciente. Disponemos de una amplia casuística para ilustrar esta distribución. Así, la historia reserva un lugar de honor para el suicidio de Sócrates, por su altura ética. Es el prototipo del suicidio como compromiso con los ideales que dan sentido a la propia existencia, hasta el punto de que sin ellos, la vida deja de tener valor. En el extremo opuesto, lamentamos los suicidios “equivocados” en los que alguien se deja llevar por un impulso desesperado, cuando pensamos que sus problemas podrían haberse resuelto.

Las comisiones de valoración ética de la eutanasia reconocen esas diferencias ya que deben pronunciarse sobre la capacidad de una persona para decidir conscientemente, considerar que su capacidad de discernimiento no se encuentra alterada y que su petición de ser asistida en el suicidio es totalmente racional. Pero entonces, cuándo una persona con un trastorno mental solicita la eutanasia, ¿habla la persona racional, con plena conciencia y capacidad de discernir, o habla su locura? En mi opinión, si hay enfermedad mental, no hay demanda de eutanasia racional y consciente. Y si una persona decide suicidarse desde el pleno dominio de sus facultades, no hay trastorno mental, como tampoco hay necesidad de reconocerle un derecho que él mismo se autoriza a ejercer sin necesidad de que nadie le dé permiso.

El suicidio en los trastornos mentales

En el terreno de los trastornos mentales, las ideas e intentos de suicidio están presentes en cierto número de casos. El intento de suicidio forma parte de la clínica del acto, donde se encuentra también por ejemplo, algunas formas de violencia. El acto es algo que quiere decirse y para lo que no se dispone de palabras. La psicoterapia -de manera específica, el psicoanálisis- ofrece un marco receptivo a esas palabras, una escucha para el sufrimiento inefable. Por eso, antes del tratamiento pero sobre todo cuando un paciente está en tratamiento, todo acto, todo intento de suicidio es un mensaje fallido, mal cifrado, pero es un mensaje dirigido al terapeuta. Un mensaje muy difícil de manejar y que pone al terapeuta entre la espada y la pared, obligado a dar acuse de recibo a ese mensaje inaudito.

Reconstrucción del caso

Fotografía de Beksinsky

Fotografía de Beksinsky

Volviendo al “caso” del que partimos, hay que subrayar la información que se ha facilitado es muy escasa. Tengo la impresión de que es más decisivo lo que se oculta que lo que se muestra. Por ello, es conveniente ser cauto y quiero advertir que estas reflexiones son tan sólo hipótesis y no pueden trasponerse a ese caso cuya realidad desconozco, ni a ningún otro. Pero también creo que es obligado aceptar el debate ético que su publicación nos propone, y llevarlo tan lejos como sea posible.

Hemos de pensar que el intenso dolor de la joven, golpeaba también a todos los que se ocuparon de ella, como un clamor angustioso. A través de unos pocos datos, entrevemos la tragedia intersubjetiva, el cruce de caminos entre la joven y quienes quisieron ayudarle, y su desenlace.

La introducción del concepto de Inconsciente puede darnos alguna luz. Revisemos de nuevo los discursos de la joven y de su psiquiatra, y pensémoslos como discursos cruzados, enunciando cada uno el discurso del otro.

Cuando la joven manifiesta su deseo de que le ayuden a morir, expresa que sus coordenadas psíquicas, su estructura simbólica, no son suficientes para sostenerla. Pero al mismo tiempo, está pidiendo ayuda, pidiendo que alguien sea capaz de sostenerla. Y a la vez, está reprochando la incapacidad de los demás para ayudarle. Es como si dijera: “No puedo más, y vosotros habéis fallado en vuestra función de cuidarme y ayudarme. Debéis reconocer vuestra impotencia y por tanto, aceptar que tengo derecho a morir”.

A su vez, cuando el psiquiatra enuncia “no había para ella perspectiva ni esperanza”, expresa su propia frustración y su impotencia. Cuando afirma “el sufrimiento de esta paciente era insoportable”, se escucha antes que nada que el sufrimiento de ella, era insoportable para él ya que se siente incapaz de ayudarle.

Ciertamente, un terapeuta no es alguien omnipotente. Pero tampoco debe intentar serlo. Con frecuencia no puede curar, pero entre sus funciones se encuentra también la de sostener lo imposible, recibir la incertidumbre, acompañar el sufrimiento hasta el límite. Un paciente podrá suicidarse y su decisión se entenderá o no. ¡Pero eso es distinto que administrarle la muerte!

Hipótesis

Fotografía de Beksinsky

Fotografía de Beksinsky

Y bien, a pesar de todo lo avanzado, en todo esto, hay algo que no encaja. Posiblemente los clínicos que la atendieron hicieron reflexiones parecidas…

Esto me lleva a pensar que lo nuevo y sorprendente del caso no es la presencia de trastornos mentales como justificación de la eutanasia sino el hecho de que a una paciente que no está impedida para suicidarse por sus propios medios, se le administre una muerte legal, por decirlo así, con todas las bendiciones del estado. Para hacerlo más comprensible, propongo una hipótesis:

Los abusos sexuales que han arrasado la construcción del psiquismo de esta muchacha, continuados entre los 5 y los 15 años, podrían haber sido abusos intrafamiliares. En estos circunstancias, a veces es preciso que las autoridades tomen a su cargo la tutela de la menor, haciéndose igualmente cargo de su tratamiento. Fuera o no esa la situación de partida, es muy posible que esa joven comenzara los intentos de autolesión en su adolescencia, antes o poco después de los 15 años, llevando a sus cuidadores a la responsabilidad de evitar que consumara sus intentos de suicidio. Una vez que el sistema de protección de menores, o bien el sistema de atención sanitaria se hubieran comprometido a responder a sus intentos de suicidio con intentos de evitar su muerte, la loca carrera de unos y otra fue imparable.

¿Y cómo parar? Tratándose de una menor, parece estar justificado mantenerla con vida a toda costa, y ofrecerle todas las opciones de tratamiento. Pero llegados los 18 años y la supuesta autonomía de la mayoría de edad, ¿qué les autorizaría a continuar evitando un suicidio?, ¿durante cuántos años?

Ahora parece seguro que el drama al que se vieron abocados los cuidadores no fue tan banal como el de facilitar una tecnología adecuada para suicidarse de forma cómoda y segura. Más bien se vieron confrontados a preguntarse durante cuánto tiempo, y a costa de conculcar cuántos derechos, podían forzar a alguien a mantenerse con vida.

En conclusión

Coincida más o menos con la realidad de lo ocurrido, esta hipótesis ilustra y ayuda a fundamentar el punto de vista que se viene manteniendo que es, en principio, contrario a la eutanasia en los casos de trastornos mentales. El sufrimiento insoportable no justifica la eutanasia, si bien el suicidio es una opción individual que algunas personas eligen. Pero esta posición de partida no impide reconocer la complejidad de situaciones y respuestas que plantean las particularidades de cada caso.

Por decirlo en términos precisos, la fórmula “derecho al suicidio” es un oxímoron ya que existe una oposición entre acto y orden legal. El acto suicida se dirige a impugnar el orden legal, sea el de la familia que esconde una intensa disfunción, el del sistema educativo cuya desidia permite el bulling, o la injusticia social. Más bien, el suicidio pone límite al derecho. Y la eutanasia es el punto en el que el derecho reconoce su límite ante la palabra del sujeto.

Si la realidad se aproxima a mi hipótesis, en este caso el derecho a la eutanasia no se habría invocado para autorizar y facilitar el suicidio sino para regular el límite en el que el estado y su sistema sanitario están obligados a ser garantes del bienestar de una menor.

… No sé si algún lector valiente u obstinado habrá querido acompañarme por un terreno tan árido. Si es así, le doy las gracias por su interés, le sugiero tomar un vaso de agua, como hago yo, y le invito a aportar sus comentarios.

Rafael Pareja Flores

NOTA: He consultado la noticia publicada en varios medios, entre ellos los siguientes enlaces:

El Mundo, 11/05/2016

Magazine Closer. Coralie Vincent. 11/05/2016.

13 Responses to “Eutanasia y trastornos mentales: “Un sufrimiento insoportable”.”

  1. MARIA JOSE dice:

    Me ha parecido muy interesante,si analizamos la palabra eutanasia, que viene del griego significa buena muerte.Procurar la muerte sin dolor a aquellos que sufran,causar la muerte para evitar sufrimientos, bien a petición de éste,bien por considerar que su vida carece de la calidad mínima para que merezca el calificativo de digna, un ser humano da muerte a otro.Todos estos argumentos están vacios de lo que significa ser persona humana y ser poseedor de dignidad.”El derecho a una muerte digna”,para ellos la vida no merece ser vivida sino en condiciones de plenitud, si nos vamos al concepto de salud según la OMS de 1948 sería el completo estado de bienestar físico,mental y social, ¿ésto es posible?,de verdad tenemos estados completos de tantos bienestares,parece muy irreal,está anticuada y ha terminado por crear una sociedad de enfermos, que que aquel que no cumple estos requisitos se puede encuadrar en enfermo,esta sociedad enferma,convalesciente,tiene miedo al dolor,lo ve como un enemigo al que hay que derrotar,pero qué pasa cuando no se derrota,todos los mecanismos de alarma se disparan, no queremos sufrir, ahí tenemos a la eutanasia como última espada,que acaba con ese sufrimiento.No podría ser al revés,hagamos una sociedad fuerte,sana que luche por su vida,por su salud,no una sociedad que mate a su pueblo,sino un sistema que ayude a sus habitantes a vivir en vez de a morir.Me pregunto si en Holanda no fuese legal la eutanasia,¿esa chica se hubiese suicidado, o tal vez hubiese luchado? En una sociedad con eutanasia el objetivo de vida es morirla,es vivir sin daño,en una sociedad sana,el objetivo es vivir para morir con dignidad.

  2. Rafael Pareja dice:

    María José, me ha encantado tu comentario. Coincido en muchas cosas contigo. En mi opinión el conflicto es el núcleo de nuestro psiquismo y el que nos hace estar vivos y buscar. Nuestro objetivo no es el placer de una especie de nirvana que es cercano a la muerte psíquica, sino perseguir la realización de nuestros deseos, que siempre será parcial pero nos hace realizarnos. En efecto, en la sociedad actual no parece haber elementos para entender que el placer y la comodidad no es el fin. La gente no sabe educar, prohibir eventualmente, asumir la cultura del esfuerzo… Como ves, de verdad que me alegran tantas coincidencias aunque hayamos llegado a parecidas conclusiones por caminos diferentes.
    Muchas gracias por tu interés y tu comentario (hacen falta estos estímulos para seguir escribiendo).

  3. Rafael Pareja dice:

    Aunque como indico en el comentario, el tema me parece muy complejo y debió ser duro para quienes tomaron la decisión. Seguro que no fue a la ligera y tienen todo mi respeto.

  4. Xavier Sabater Sais dice:

    He leído todo tu comentario sobre la notícia de esta joven y las diserciones sobre la eutanasia. En mi opinión no puede existir una decisión racional de quiero morir de forma legal y a la vez estar transtornado o anejado mentalmente. Si sufres cualquier tipo de transtorno mental, transformas la realidad, no la ves con serenidad. En el caso de esta chica con abusos, anotexia autolesiones… Es que me recuerda a una chica que conocí en un centro. Yo también estuve en tratamiento por depresión. Al leer estas lineas me recordaba a ella. Pero a mi parecer, una eutanasia aplicada a una persona con transtornos mentales és como mínimo paradojico. Para mi, como bien dices tu, es un fallo de todo el sistema. Un psiquiatra no puede permitir que una joven de 20 años muera por abusos sexuales. El dolor de la psique puede ser insufrible y ni yo lo sé porqué no he estado en la piel de personas como esa chica, pero sé muy bien qué es una depresión. El tema del suicidio es personal, no debe tener juicio. Claro, como bien dices tu, un intento fallido és un aviso de socorro a la gente que te cuidan, que te tratan… És un tema complejo. Yo creo que la eutanasia si debe existir pero en casos muy muy evidentes y especificos. Claramente regulada y vigilada porqué la maldad del ser humano es infinita y cuanta gente podría morir aplicándose la eutanásia sin su verdadero consentimiento? Hablo de gente mayor, geriátricos,etc. También la bondad del ser humano es infinita y por eso puedes escandalizarte por la afirmación anterior. Hay mucha gente que cree en las leyes y hacen que las cosas se cumplan como deben ser. 

  5. Rafael Pareja dice:

    Xavier, tu comentario evidencia que has reflexionado seriamente sobre el tema. Trasmites la gravedad de la toma de decisiones en este caso.
    Te contaré que a medida que iba escribiendo, cada vez me resultaba más difícil pronunciarme sin hacer las matizaciones que un tema tan polémico requiere, seguramente porque empatizaba con las personas que tuvieron la dificilísima tarea de decidir. También el caso me ha recordado a otros varios casos, algunos atendidos por mí y otro en instituciones que he conocido. Hay personas que llegan a situaciones límite muy difíciles de abordar.
    Como tú concluyes, hay un hilo en el que se pueden dar errores o abusos, pero como tú, también confío en el deseo de hacer bien las cosas de mucha gente. Y para eso servirá también ir abriendo debates como estos y participando en ellos.
    Muchas gracias por tu comentario y tu interés.

  6. Hola dice:

    No va a ser muy abstracta mi respuesta e igual hiero sensibilidades pero esto es lo que creo:
    Yo creo que cuando una persona quiere suicidarse pero no sabe cómo hacerlo , o no quiere que salga mal, porque no es tan fácil como parece, a veces hay suicidios fallidos porque te sale mal el plan y no te llegas a morir, o porque no quieres tener una muerte violenta colgándote de un árbol o tirándote de un edificio… He tenido la mala suerte de presenciar ambos casos y es un infierno, a veces aún siguen vivos y mueren en la ambulancia, horrible, y con todo el barrio mirando.

    A veces el dolor es insoportable, nadie excepto la persona q lo sufre lo sabe, el abuso sexual intoxica todas las partes de tu vida, te anula, te encuentras sola y desprotegidos, tu familia es tu verdugo, no quiero ni imaginar por el calvario que tuvo que pasar esta muchacha para que consiguiera que el estado se ocupase de su muerte, pero me parece más digno morir así que no reventada contra la calle.

    Yo también estoy de acuerdo con que hay que revisar los casos escrupulosamente y entiendo que las profesionales q han seguido el caso y han tratado a la paciente han tomado una difícil y sensata decisión.

    El quererse morir es muy humano cuando el sufrimiento es tu día a día. Sea sufrimiento físico o mental. Porque al final el que dice que sufrimos es nuestro cerebro.

  7. Pepe dice:

    Si la ética la entendemos como la reflexión sobre la moral y la moral como un conjunto de juicios relativos al bien y al mal, destinados a dirigir la conducta de los humanos. En la toma de decisiones, los conflictos de normas morales nos impulsan a una reflexión de nivel ético. La Bioética establece cuatro principios internacionalmente aceptados, que nos orientan en la resolución del conflicto, cuando surge el dilema ético y por tanto la toma de decisiones.
    En este caso, origen del análisis sobre eutanasia y enfermedad mental, pienso que el principio de autonomía difícilmente se produce, aun considerando que el trastorno mental no se acompañe de deterioro cognitivo, pues pueden existir alteraciones mentales donde incapacitan a la persona para la toma de decisiones de manera autónoma. Si eso es así, aun teniendo en cuenta la complejidad del caso que nos concierne, califico como error legal la eutanasia practicada.
    Rafael totalmente de acuerdo con tu comentario “si una persona decide suicidarse desde el pleno dominio de sus facultades mentales, no hay trastorno mental”. Por lo tanto en enfermos mentales el principio bioético de autonomía no se produciría y su consentimiento para la eutanasia se pondría en duda.

  8. Rafael Pareja dice:

    Me alegra tu comentario y su referencia a los principios de la Bioética como orientación en la toma de decisiones.
    Efectivamente, está en cuestión el principio de autonomía. Las llamadas “enfermedades mentales” son una puesta en cuestión radical de dicho principio de autonomía. Es curioso que la noticia publicada en El Mundo hacía hincapié en que a pesar de la gravedad de la enfermedad que padecía, la paciente conservaba su capacidad de juicio.
    En mi opinión, la idea de “deterioro cognitivo” simplifica demasiado la cuestión, la deja en un modelo aristotélico de la mente como funciones separadas del alma (cognición, volición). Por el contrario, después de la filosofía del lenguaje y los conceptos de inconsciente y discurso del otro, lo que se dice es un discurso y se dirige a Otro. Esto sería para desarrollarlo más despacio.
    El “Principio de autonomía” es un concepto muy jugoso! El sujeto se estructura en una dialéctica entre “autonomía” y “dependencia”, de modo que el principio de autonomía sugiere la posibilidad de un discurso que no dependa del Otro al que se dirige. Y eso es muy cuestionable, especialmente cuando hay trastornos graves, como este caso.
    Muchas gracias por tu lectura atenta y tus aportaciones.

  9. Rafael Pareja dice:

    Sara, tu comentario hace presente la crudeza de la situación a la que nos referimos. A pesar del lenguaje aséptico con que apareció la noticia, y a pesar de mi esfuerzo por aportar rigor a la reflexión sobre el tema, te aseguro que he captado la crudeza del caso al que nos referimos, y del nudo trágico en que se vieron ligados la joven y las personas que la atendieron. A medida que escribía, dudaba y repensaba.
    Gracias a mis dudas, no resolví simplificando y me surgió la hipótesis que da “cuerpo” al caso: no se trataría de una petición de eutanasia partiendo de cero, sino más bien una situación en la que una menor llevaba años intentando suicidarse y la cuestión debió ser más bien, cuánto más tiempo se le podrá impedir.
    En tu comentario defiendes la eutanasia en situaciones de sufrimiento extremo como modo más digno de morir. Y desde luego, tus argumentos son muy sólidos y convincentes.
    Cuando me he planteado ese aspecto, he considerado que hoy en día es sencillo disponer de fármacos que proporcionan una muerte indolora, sobre todo en casos de trastornos psíquicos graves que cuentan con psicofármacos en abundancia. Entiendo que en muchos casos la decisión de alguien de no continuar viviendo puede ser respetada. Pero creo que cabe diferenciar entre el suicidio -comprensible y respetable- y la eutanasia. Porque si alguien ha llegado a esa convicción de modo firme, y dispone de medios para llevarlo a cabo por sí mismo de modo indoloro y definitivo, ¿para qué necesita delegar en otros la ejecución de su decisión?
    Desde luego coincido contigo en lo difícil que es tomar una decisión en una situación límite, y respeto la dificultad que enfrentaron los profesionales del caso.
    No creo que tu respuesta sea hiriente. Al contrario, es muy pertinente que hagas presente la herida, el intenso sufrimiento de las personas a las que la vida se les hace insoportable. Puede ser una crítica acertada a mi reflexión ya que he hecho más presente las coordenadas de la decisión que las personas a las que se refiere, aquellas cuyo sufrimiento hace que su vida les resulte insoportable. Muchas gracias por ello.

  10. Mayte dice:

    QUÉ TERRIBLE DECISIÓN PARA TODAS LAS PARTES!

    Me imagino el sufrimiento de esos profesionales, que han estudiado toda su vida para evitar el dolor y la muerte….. pero…. ¿ Qué podría pasar por la cabeza de esa pobre chica??
    Por desgracia he vivido en primera persona y en familiares y amigos muy cercanos muchos trastornos depresivos, y está claro que a lo largo de esos procesos es tan intenso el sufrimiento; tan desolador,incapacitante, y sobre todo tan desesperanzador, que entiendo que te puede pasar de todo por la cabeza ….. QUE EN ESTE CASO ACTÚA COMO NUESTRO MAYOR ENEMIGO…
    Sinceramente lo siento por todos ellos; pero sobre todo por esa pobre chica , ya que independientemente de que estoy a favor de terminar dignamente con vidas que carecen de calidad,también entiendo que la probable temporalidad de su trastorno mental en este caso le ha impedido poder tener calidad de vida.
    APROVECHO PARA AGRADECER Y ANIMAR A TODOS LOS QUE CON SUS ESFUERZOS NOS AYUDAN Y DAN LA MANO PARA SALIR DEL DIFÍCIL TRÁNSITO DEPRESIVO

  11. En efecto, el sufrimiento de los pacientes y la responsabilidad de los profesionales. Aunque muchos trastornos no tienen cura, cuesta pensar que con la edad de esta joven no pudiera albergarse esperanza de que los años modificaran su percepción de las cosas.
    Tantos comentarios me ratifican en que una noticia como esta que pasó casi desapercibida, encerraba una viva polémica que entro todos están desarrollando.
    Gracias por el comentario.

  12. Eugenia Ortiz V. dice:

    Hoy particularmente me ha llamado la atención el caso y el tema expuesto, y quizás mi comentario no tenga nada que ver, pero me paso que al leer me da luces y más valor de cómo seguir y de cómo se enfrenta todo esto o de lo que debo esperar por parte de los terapeutas y médicos yo soy una madre que hoy vive el dolor de ver a una hija de 21 años que pide no vivir, pide ayuda para no seguir en este mundo porque el dolor que le ocasiona vivir es tan grande que ya no quiere seguir, es simplemente indescriptible el dolor que esto ocasiona, porque comento esto porque hay momentos de crisis de mi hija en que se me ha pasado por la cabeza, cuando veo su dolor que es tan grande y aunque suene descabellado, la miras, la vez sufrir, te pide ayuda, y es imposible no preguntarte, me siento culpable de solo pensarlo y te preguntas como ayudarla, como convencerla de que se quede contigo de que la amas con tu vida, hace un año exactamente que se diagnosticó un trastorno de personalidad limite tras un intento de suicidio estuvo internada durante un mes en el cual se inició un tratamiento con fármacos y antipsicóticos en un año ha tenido tres recaídas una de las cuales es precisamente en este momento que nuevamente se encuentra internada a la espera de un nuevo medicamento.
    Se produce un ambiente tal en la familia que no hayas que hacer o cómo actuar hay un gran problema de desconocimiento e ignorancia de parte de las familia sobre las enfermedades mentales y sobre cómo llevar esto, como no rendirte ante sus suplicas, cómo no abandonar la lucha por mantenerla con vida, con ganas de seguir, como afrontar sus altos y bajos, y por sobre todo como aceptar todo lo que te pasa, realmente hay que estar ahí para poder opinar al respecto.
    Hoy después de leer veo cual es la función de un Terapeuta o Medico, aprender sobre las alertas que pueden significar sus conductas siento una profunda tristeza por esta niña no puedo sino conmoverme y ver la muerte desde otras perspectivas y opiniones con fundamentos y debates… pero más allá de todo siento la necesidad de expresar lo sola que se sienten las familias o cercanos a todas aquellas personas que sufren de algún problema mental, que quizás haya alguien que pueda contener y por sobre todo educar a las familias para no terminar en estos conflictos y polémicas y quedando con una sensación de vacío o de interrogante sobre si hice todo o no hice nada por ella… Con todo mi corazón un abrazo y fuerza a quienes están en esta lucha

    Gracias por el espacio.

  13. Eugenia, le agradezco muchísimo su comentario que nos ayuda a acercarnos al sufrimiento real, que es el suyo y el de su hija. En su escritura se palpa su angustia y sus dudas de lo que debe hacer. Pero se siente también extraordinariamente, su disposición como madre. Dentro de lo oscuro que todo pueda parecer a veces, usted demuestra su disposición a hacer cuánto pueda. Y eso es muy valioso.
    Cuando un niño se niega a comer, a veces insistirle refuerza su respuesta oposicionista. Pero las madres esperan, le dan tiempo, le ayudan a que se le abra el apetito. Cuando alguien dice que no quiere vivir, también parece como si rechazara el deseo de quienes más lo quieren, como si no pudiera alimentarse con ese deseo. Pero usted está ahí, respeta, espera, no fuerza. Sostiene a su hija.
    Creo que puede ayudarle pensar que la situación difícil en la que se encuentran es una etapa. Todo lo larga e incierta que se quiera, pero es una etapa. El diagnóstico de TLP, la personalidad inestable, plantea retos muy difíciles a la familia y a los profesionales. Pero tiene tratamiento. No sólo tratamiento con fármacos. Es importante que curse también un tratamiento psicoterapéutico. Busquen la persona adecuada e insistan en buscar hasta que vaya avanzando.
    Posiblemente le pueda orientar el artículo de este mismo blog sobre el TLP. Ha tenido muy buena acogida en compañeros profesionales y otras personas interesadas y creo que contiene algunas informaciones que le serán de utilidad.
    De nuevo, muchas gracias por su comentario y su confianza. Y adelante.

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Miguel Ángel Valente
(en "Fragmentos de un libro futuro").