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True Detective: El caso del detective verdadero.

¿A qué se debe el gran éxito de la serie True Detective? Entre sus muchos valores destacan la banda sonora y la fotografía, así como la excepcional interpretación de los dos actores principales, Mattew McConaughey –Rust Cohle en la ficción- y Woody Harrelson –Marty Hart-. Igualmente interesante es su estructura narrativa, en la que el tiempo gira. Pero entre estos aspectos, posiblemente lo que más ha llamado la atención es la construcción psicológica de los personajes hasta el punto de que la investigación criminal que parecía el tema de la serie, pronto pasa a ser accesoria, sólo relevante por su incidencia en la vida de cada uno de los investigadores.

Ya que los personajes son tan interesantes desde el punto de vista psicológico, intentaré aportar algunas claves para entender mejor su trayectoria personal, revisándolos como si se tratara de un caso clínico, el caso True Detective.

Desde el principio, Rust y Marty, los protagonistas de True Detective parecen dos personalidades opuestas. Marty es pragmático, Rust es reflexivo. Uno está perfectamente adaptado, es simpático y bien apreciado en su trabajo. Por el contrario, su nuevo compañero está absolutamente desinteresado por la vida social y no se esfuerza en ser simpático sino que es, en palabras de Marty, “alguien capaz de amargarte el día.”

 El filósofo excéntrico

Rust se muestra serio, inexpresivo y desapegado por todo, con excepción de su trabajo. No tiene interés en los demás ni se ajusta a las convenciones sociales. Además, en las conversaciones con su compañero Marty, tiene la insufrible costumbre de decir lo que piensa sinceramente. Con extrema facilidad, entra en cuestiones filosóficas en las que explica su visión negativa del mundo, su sinsentido, y la banalidad de lo todo lo que les rodea, y tiene la habilidad de poner en cuestión los autoengaños, disimulos y mezquindades en los que se basan los grupos sociales.

Pronto menciona algunos acontecimientos en su vida. Sobre todo, la muerte de su hija en accidente cuando tenía dos años. Parece evidente que no ha logrado elaborar el duelo de esa pérdida tan dolorosa y ello explica, al menos en parte, la dureza de su carácter.

True Detective. Caso1Habla como si fuera el portador de la verdad que enuncia como un filósofo nihilista. Pero a pesar de su esfuerzo por presentar un pensamiento filosófico, racional y aparentemente desencarnado, fácilmente se capta que sus racionalizaciones tienen una finalidad defensiva, son un esfuerzo por anular la experiencia insoportable de la pérdida de su hija. Así, afirma: Creo que lo más honorable que puede hacer nuestra especie es negar nuestra programación, dejar de reproducirse”. En efecto, de no haber sido padre, no hubiera sufrido aquella pérdida. Y en otro momento dice: “Pienso en mi hija ahora, y lo que se ha evitado. A veces me siento agradecido... ¿No es esa una manera hermosa de irse, sin dolor y como un niño feliz? El problema es morir después, cuando ya has crecido. El daño está hecho. Es demasiado tarde.

En mi opinión, Rust no puede terminar su duelo porque no lo ha comenzado. Se encuentra en una posición melancólica en la que como diría Freud, “la sombra del objeto (el ser querido que se ha perdido) ha caído sobre el yo”. Ha retirado su interés del mundo exterior, nada le resulta placentero, nadie le interesa. Toda su energía ha quedado volcada en la pérdida de su hija, como si fuera un agujero negro que lo absorbe todo, agujero que está situado dentro de sí mismo. Y así, camina en una tierra de frontera entre los vivos y los muertos, tierra de nadie en la que se conduce como un fantasma.

Ciertamente, esa posición excéntrica le da una agudeza extraordinaria. Al no participar de los intercambios sociales ni compartir las convenciones, su mirada capta detalles que los demás no ven, y pone en evidencia las falsedades acomodaticias del sentido común.

 El hombre normal

Por su parte, Marty representa el polo opuesto. No es reflexivo sino al contrario, tiene una tendencia excesiva a dejarse llevar por sus impulsos. Pero en conjunto, se muestra extrovertido y lleno de sentido común. Tiene amigos, una familia convencional y parece estar perfectamente adaptado. En suma, es una persona normal… Tan normal, que sus síntomas sólo se manifiestan disociados de su aparente buena adaptación. En el fondo es una persona profundamente insatisfecha, si True Detective. Caso2bien su insatisfacción sólo se hace presente a través de las sucesivas relaciones sexuales con jovencitas de buen tipo y cabeza loca, imparable en sus impulsos, hasta el punto de que destroza su vida familiar.

Diría que Marty está en “posición fálica”. Explicaré qué quiere esto decir. No es una cuestión de pene, y de hecho, también se habla de “mujeres fálicas”. La cuestión es que él cree que no le falta nada, que lo tiene todo y que los demás giran a su alrededor. Esta dificultad de tomar conciencia de lo que le falta, le incapacita para una relación realmente satisfactoria con su mujer. Por eso corre detrás de jovencitas, para hacer ostentación de su potencia, demostrarles y demostrarse lo bien que funciona. Más que para disfrutar de placer sexual, lo hace para disfrutar de su ego.

Todo su mundo lo interpreta desde su “falocentrismo”. No es capaz de reconocer sus limitaciones ni los errores que comete. Por el contrario, culpa a los demás de sus propios errores. Si algo falla en su matrimonio es por culpa de su mujer, y eso le da derecho a tener relaciones extramatrimoniales. Y su hipocresía llega al extremo cuando no puede tolerar que su amante tenga relaciones con otro hombre. Ni su hija. Y mucho menos, su mujer.

 True Detective: El círculo plano

Así son los personajes de True Detective, y así toman sus posiciones ante el misterioso asesinato que da comienzo a la serie. Como hemos visto, Rust arrastra una fuerte pérdida personal que es una herida aún sangrante. El significado del asesinato de la chica para él queda subrayado cuando explica que el  día en que comienzan la investigación, hubiera sido el cumpleaños de su hija. Ese crimen impacta de lleno en su herida personal hasta confundirse uno con otro. Hasta el punto de que durante los siguientes 17 años, su único interés será llevar esa investigación lo más lejos posible. Por su parte, también Marty quiere resolver el caso, y aunque bastante fastidiado por su insoportable compañero, se ve llevado a aceptar sus avances en el caso y a seguirlo en ellos.

De nuevo es el filósofo Rust quien enuncia: “Este es un mundo en el que nada nunca se resuelve. Alguien una vez me dijo: ‘el tiempo es un círculo plano’. Todo lo que hemos hecho y todo lo que haremos, lo repetiremos una y otra vez. Y ese pequeño niño y esa niña, estarán en esa habitación una y otra vez, una y otra vez, para siempre”. Ese tiempo circular, tan flexible como los relojes que pinta Dalí, presta su forma a la estructura narrativa de la serie que va y viene.

True Detective En mi opinión, esa circularidad temporal no es tan sólo un inteligente recurso técnico en la construcción narrativa de True Detective, sino que expresa lo que en psicoanálisis se llama la repetición. Los personajes están allí puestos desde el principio, cada uno en su sitio, y no pueden sino representar durante 17 años, distintos momentos de un mismo rol, mientras que el nudo del argumento está dado desde el primer momento.

True Detective: la investigación y la terapia

Igualmente, los sujetos tenemos unas coordenadas simbólicas dadas, y más allá de los aparentes avatares cotidianos, hacemos siempre lo mismo, en nuestras palabras late siempre un mismo deseo que sólo a medias expresamos, repetimos un mismo esquema que sólo oscuramente vislumbramos. Y salir de la cadena de la repetición, un cambio de la posición subjetiva, sólo puede producirse de dos formas. Cuando uno cursa un prolongado y esforzado tratamiento psicoanalítico, o bien a consecuencia de un encuentro con lo real, sea una pérdida, un hallazgo, superar una grave enfermedad o estar a punto de morir, el trauma antes que la satisfacción. Elementos que impactan en la base de nuestra estructura y le dan un giro, modificando así nuestra posición subjetiva, para bien o para mal.

Para Rust, la muerte de su hija fue un impacto que le hizo salir de los raíles simbólicos en que discurría su vida. Su posición quedó como en suspenso, muerto en vida, como dijimos. Un segundo impacto fue el hallazgo de la joven asesinada que hizo eco a su fantasía: hay padres que no saben que su hija ha muerto, y no entienden por qué su hija ha muerto. En mi opinión, el encuentro de Rust con este caso puso de nuevo sus cartas en juego, un juego que le arrastrará implacablemente hasta el final.

Por su parte, el encuentro de Marty con lo real se produce a partir de sus síntomas: los avatares que le hacen cambiar son mucho más cotidianos –ya dijimos que Marty es mucho más normal-, y le ocurre como a tanta gente, que lo que reprime de sí mismo, se le presenta en los acontecimientos de su vida, en su destino. Él que lo tiene todo, que es el macho de todas las hembras, se encuentra con que su mujer le es infiel con su compañero Rust. No se trata  de una frivolidad arbitraria del guión. Es un puñetazo en su ego, cuando no una patada en… su posición fálica. Su mujer no está dispuesta a ser cómplice de sus mentiras, a salvar un matrimonio de conveniencia haciendo la vista gorda ante sus infidelidades y así, sin saber muy bien qué hace, ella le devuelve su verdad reprimida.

Por descontado que le llevará unos años pasar de la acción a la reflexión y poder entender –como Rust le viene señalando- que el único responsable de haber destrozado su matrimonio y en gran medida su vida, es él mismo. Ese golpe, esa pérdida ineludible para él que lo tenía todo, lo abre también al tiempo del duelo y así, dolorosamente, va cambiando. Al final encontramos a un Marty menos machote, menos fálico, pero más humano. Con menos prepotencia y más capacidad de empatía, más sincero consigo mismo, más sensible a sus sentimientos. Para un hombre, el fin del tratamiento psicoanalítico, una relativa “curación”,  implica vaciar sus identificaciones con los emblemas masculinos, lo que le permite ser hombre más allá de la fachada.

 Ambos compañeros se miran en un espejo mágico en el que se reconocen extrañamente porque uno es lo que el otro reprime. Y así, al cabo de los años los vemos de nuevo unidos, no por amistad sino por el pago de una deuda que juntos habían contraído el día que encontraron a la chica asesinada. No importa tanto lo que encuentran al final que es otro “serial killer” todo lo terrorífico que se quiera, pero en el fondo uno más. Sin embargo, la verdad que buscaban fuera, la han encontrado en sí mismos, cada uno a su manera.

 La investigación policial de True Detective, al situar su pérdida afuera, le dio a Rust un motivo temporal para vivir. Hacer una resolución del caso aunque sea incompleta, haber estado cerca de morir en el empeño, y dispuesto a dar la vida, ha sido un pago de la deuda contraída que lo libera. Rust sale del hospital como un hombre nuevo, como un converso, para decepción de los seguidores de su estética fantasmal. Acepta la importancia de su aportación a la sociedad, aunque haya sido una aportación pequeña y que necesita sumar a la de los demás. Parece renunciar a la absoluta radicalidad de su posición e ingresar de nuevo en las relaciones sociales, aceptando sus pequeños deseos, su ignorancia. Entiendo que ese cambio para él también es lo más parecido a una curación, una rectificación subjetiva a través de la que transforma su tragedia en un drama cotidiano.

 The True Detective, el detective verdadero, no retrocede ante la búsqueda de la verdad, no le vence la pereza ni la angustia, no cierra los ojos, en el camino de su propio descubrimiento.

Rafael Pareja Flores
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